Proverbios 17:17
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CEDIENDO DERECHOS
Cómo conquistar la Ira...


Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo” (Sal. 37:8).
En Filipenses 2: 5-8 se explica la actitud de Cristo hacia sus derechos, y cómo nosotros debemos tener la misma mentalidad que Él en esta área. Dice así:

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”

¿Qué diferencia hay entre derechos y responsabilidades?

Un derecho es una exigencia legal que una persona puede hacer a otra con la confianza de recibirla. Un padre puede exigir que sus hijos le honren, porque la Ley de Dios dice: “Honra a tu padre y a tu madre...Efesios 6:2

El anciano puedo exigir que el joven se ponga de pie cuando él entre a la habitación, porque la Ley de Dios dice “ Delante de las canas te levantarás y honrarás el rostro del anciano y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová" (Levítico 19:32)

La esposa tiene derecho a que su marido le muestre a ella el amor de Cristo, porque la Escritura ordena “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la Iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25)

Responsabilidades son las obligaciones que Dios nos impone, para que se cumplan los derechos que Dios ha dado a otros. Los hijos tienen la responsabilidad de honrar a sus padres, los jóvenes tienen la responsabilidad de honrar a los mayores, y los esposos tienen la responsabilidad de amar a sus mujeres.

En otro sentido , el padre tiene la responsabilidad de criar a sus hijos para que sean respetuosos, los ancianos tienen la responsabilidad de enseñar a los jóvenes a ser piadosos y respetuosos, las esposas tienen la responsabilidad de respetar a sus maridos, para que sus maridos sean más capaces de amarlas.

I. CEDIO SU DERECHO A LA RIQUEZA.


La riqueza y el esplendor del cielo no pueden ser imaginados por nuestras mentes finitas. “...como está escrito: cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (I Cor. 2:9).

Para que Cristo pudiera redimirnos del pecado tuvo que dejar la gloria, belleza y majestad del cielo.

A. Recompensa de ceder el derecho a la riqueza y la comunión:

Así como Cristo regresó al cielo con mayor riqueza que la que había tenido antes (comunión con todos aquellos a quienes había redimido), así nosotros recibiremos tesoros mucho mayores en esta vida y en la venidera, en la medida que cedemos nuestros derechos a la riqueza y las posesiones.


II. CEDIO SU DERECHO A UNA BUENA REPUTACIÓN.

En el cielo Cristo es adorado continuamente, y su Nombre es altamente honrado. El es el Rey de reyes, y Señor de señores, pero cuando vino al mundo “se despojó de sí mismo”.
En lugar de nacer en la riqueza, nació en la pobreza. Su pueblo tenía tan mala fama que cuando Felipe le contó a Natanael acerca de Cristo, Natanael le respondió, “...¿De Nazaret puede salir algo bueno?...” (Juan 1:46).
La manera en que Jesús fue concebido también arrojó sospechas acerca de su reputación. Los líderes religiosos rechazaban el hecho de que había sido concebido por el Espíritu Santo, y nacido de una virgen. Por tanto, en la mente de ellos, Él era un hijo ilegítimo.
Al ceder sus derechos, y obedecer de inmediato cada orden de su Padre Celestial, Él dañó aún más su popularidad entre los líderes religiosos. Ellos se alarmaban porque Él permitía que una mujer de mala fama le lavara sus pies. (Véase Lucas 7:38-50).
Ellos se ofendieron porque Él sanó a un hombre en día de reposo.(Véase Marcos 3:1-6).
Sin embargo, el peor daño a su reputación ocurrió cuando fue arrestado, acusado de muchos crímenes, y clavado en una cruz.

A. Recompensa de ceder el derecho a una buena reputación:

Por el hecho de que Cristo sacrificó su reputación por nosotros, al obedecer la dirección de su Padre Celestial, nosotros somos redimidos, y Cristo recibió un nombre que es sobre todo nombre. “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición...” (Gálatas 3: 13).
Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dió un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:9).


B. ¿Cómo cedemos nuestras reputaciones a Dios?

Uno de los deseos más frecuentes que tenemos es el ser aceptados por otros. Estamos muy concientes de lo que otros piensan de nosotros, de quién nos quiere, y de quién no nos quiere. Dios desea que lleguemos a la decisión madura de entregarle a Él todos los derechos a nuestras reputaciones. De allí en adelante, no estaremos preocupados por lo que la gente piense de nosotros, sino más bien, por representar adecuadamente a Cristo ante los que están a nuestro alrededor, y por lo que ellos piensen de Él. Cuando llegamos a ocuparnos de la reputación de Cristo, y dedicarnos a proteger su reputación como protegeríamos la nuestra, entraremos a un nuevo y emocionante nivel de madurez espiritual, y propósito para nuestra vida.


III. CEDIO SU DERECHO A SER SERVIDO.

Cristo es el Creador de todo ser viviente. Como tal, tiene derecho de que otros le sirvan a Él. El tiene el poder sobrenatural para imponer su voluntad a todo el que Él quiera. Pero, Él eligió ceder sus derechos a sus discípulos, y servirles a ellos. Una de las tareas más humillantes del tiempo de Jesús era el de lavar los pies de los invitados. Por tanto, este servicio con frecuencia se descuidaba. Cristo usó esta necesidad para demostrar un aspecto importante de la mansedumbre. “Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y que a Dios iba...comenzó a lavar los pies de los discípulos...” (Juan 13: 3, 5).

En su siguiente declaración, el Señor explicó que, así como por su naturaleza Él voluntariamente cedía sus derechos a su Padre, quería que sus discípulos mostraran la misma actitud:

De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Juan 13: 16-17).

A. La recompensa de ceder el derecho de ser servido:

Dios ha establecido el principio de que la humildad ha de preceder a la honra.
(Véase Proverbios 15: 33.). Al manifestar la cualidad de mansedumbre, cediendo nuestro “derecho” de ser servidos, nos humillamos, y así llenamos un requisito para recibir bendición.


IV. EL CEDIO SU DERECHO A LAS COMODIDADES FÍSICAS.

Las disciplinas personales practicadas por nuestro Señor para cumplir con un horario diario pesado, demuestran el hecho de que, el que desea un espíritu manso debe poder mantener su cuerpo bajo disciplina. Aún cuando Cristo sí se valió ocasionalmente de los placeres de la hospitalidad que se le ofreciera por el camino, habitualmente se negó muchas de las comodidades básicas de la vida.
Marcos registra el arduo horario de un día típico en el ministerio público de Jesús. (Véase Marcos 1: 32-33, 35).

Cristo frecuentemente anduvo las veredas polvorientas del desierto, predicó al aire libre, durmió en el suelo, y navegó las aguas agitadas, imprevisibles del Mar de Galilea. El hecho de que Jesús pudiera dormir en un barco de pesca durante una tormenta violenta, indica lo cansado que debería haber estado. Vivió sin hogar y sin un medio de transporte, a fin de poder cumplir con la voluntad de su Padre, y asegurarse la máxima productividad de su ministerio. Cuando un seguidor le dijo a Jesús que quería ser su discípulo, Jesús percibió que su verdadera motivación era obtener seguridad terrenal. El expuso esta motivación al decirle: “...Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; más el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza” (Mateo 8:20).


A. La recompensa de ceder el derecho a la comodidad física:

Cuando entregamos nuestro derecho a la comodidad y confort al Señor, podremos aprender las disciplinas que nos harán buenos soldados del Señor Jesucristo. “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo” (II Timoteo 2:3).
Conforme aprendemos disciplinas físicas externas, somos capaces de transformarlas en disciplinas espirituales internas bajo la dirección del Espíritu Santo. La importancia de estas disciplinas lo señala Pablo, quien mantenía su cuerpo bajo la más estricta disciplina. Su inquietud: “...No sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (I Corintios 9: 27).
Cuando cedemos los miembros de nuestros cuerpos a Dios para su control, se convierten en instrumentos de justicia para el Espíritu Santo. (Véase Romanos 6: 13).


V. EL CEDIO SU DERECHO A TOMAR SUS PROPIAS DECISIONES.

Posiblemente el Derecho más difícil de ceder sea el de tomar nuestras propias decisiones. Sin embargo este derecho, si no lo cedemos totalmente, destruirá el espíritu de mansedumbre.
Cuando Jesús tenía doce años, entendía su vocación, y expresó su deseo de ocuparse en los negocios de su Padre. Sin embargo, Él cedió a la dirección de Dios a través de sus padres, y esperó hasta los treinta años de edad para comenzar su ministerio público.
Durante sus años de ministerio no tomó ninguna decisión por su propia cuenta,, sino que hizo únicamente lo que le ordenaba su Padre. Su actitud continuamente era, “No se haga mi voluntad, sino la tuya”.
Cuando Jesús fue arrestado y entregado a las autoridades civiles, Dios llevó a cabo su plan final mediante las decisiones de ellas.

A. La recompensa de ceder el derecho a la toma de decisiones:

La actitud que das destruye la mansedumbre y acarrea el juicio de Dios es el orgullo. El orgullo es retener para nosotros el derecho a tomar la decisión final. Al ceder este derecho, conquistamos la raíz del orgullo.

Después de comentar estos versículos con la familia, resultó obvio que algunos de los que ellos llamaban derechos en realidad no lo eran. Ellos estaban confundiendo derechos y responsabilidades y expectativas. Para que esta familia pudiera tener armonía, era necesario que cada miembro entendiera las diferencias precisas entre cada uno de estos términos.

No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Así que, todos lo que somos perfectos, esto mismo sintamos, y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa.

Hermanos, sed imitadores de mí y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros, porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo. El fin de ellos será la perdición. Su dios es el vientre, su gloria es aquello que debería avergonzarlos, y solo piensan en lo terrenal. Pero nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo. El transformará nuestro cuerpo mortal en un cuerpo glorioso semejante al suyo, por el poder con el cual puede
también sujetar así mismo todas las cosas
Filipenses 3:12-21


 

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