|
BUENA CONCIENCIA
Introducción:
Pablo advirtió a Timoteo que le estaba enviando a la batalla,
armado con sólo dos cosas: su fe, y una buena conciencia. Luego
lamenta que los que han descuidado estas dos armas poderosas han “naufragado”
en cuanto a su fe.
“Manteniendo la fe y buena conciencia, desechando
la cual naufragron
en cuanto a la fe algunos” (1 Timoteo 1:19)
A. ¿Qué es una conciencia limpia?
La segunda palabra usada para describir la conciencia
es limpia. Los diáconos han de guardar el ministerio de la fe
con limpia conciencia (1 Timoteo 3:9) Pablo testificaba
de que él servía a Dios con limpia conciencia (Véase
2 Timoteo 1:3)
La palabra griega es (ca-ta-rós). Se relaciona
con la palabra casto. Su definición primaria es “limpiado
o purificado; libra de cualquier contaminante que manche, adultere,
corrompa, o envilezca”. Una conciencia limpia no está manchada
de culta para con Dios, es inocente y libre de culpa.
Dada nuestra naturaleza pecaminosa, las cualidadaes
de una conciencia limpia sólo son posibles al ser limpiado nuestro
corazón por la sangre de Cristo.
Cualquier obra que nosotros hiciéramos para
Dios no alcanzaría para nosotros una conciencia limpia. Esta
verdad se enfatiza en Hebreos 9:13-14.
“¿Cuánto más la sangre
de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se
ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará
vuestras conciencias de
obras muertas para que sirváis al Dios vivo? (Hebreos
9:14)
Cuando llegas a ser cristiano tienes una conciencia limpia ante Dios
mediante la sangre de Cristo. Sin embargo, experimentarás obstáculos
innecesarios en tu vida cristiana si no continúas teniendo una
buena conciencia ante Dios y ante los hombres.
“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar,
y allí te acuerdas de que tu hermano
tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar,
y anda, reconcíliate
primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”
(Mateo 5:23-24)
Una buena conciencia es aquella que permite
mirar a cualquiera a los ojos, sabiendo que ninguno
puede señalarte con el dedo y decir:
"Tú me hiciste daño y nunca trataste de
arreglar
las cosas"
|
B. ¿Qué incluye una buena conciencia?
• Todo Pensamiento
“Refutando argumentos, y toda altivez que
se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento
a la obediencia a Cristo” (2 Coríntios 10:5)
• Toda Palabra
“Mas yo os digo que de toda palabra ociosa
que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día
del juicio” (Mateo 12:36)
• Todo Hecho
“ Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos
ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo
que haya hecho, mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o malo”
(2 Coríntios 5:10)
• Toda Actitud
“El que guiña los ojos, que habla con
los pies, que hace señas con los dedos, perversidades hay en
su corazón; anda pensando el mal en todo tiempo; siembra las
discordias (Proverbios 6:13-14)
• Toda Motivación
“Engañoso es el corazón más
que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?.
Yo, Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón,
para dar a cada uno según su camino, según el fruto de
sus obras” (Jeremías 17:9-10)
C. ¿Cuáles ocho actitudes son
prerequisitos para
alcanzar una buena conciencia?
1. Pobre en espíritu
El término “pobre en espíritu” literalmente
significa “que está en bancarrota, y por tanto debe esperar
de fuera de si mismo sus necesidades diarias”. El mendigo no ha
de ser exigente, y debe ser agradecido por cualquier cosa que se le
dé.
2. Verdadero llamamiento
La imagen Bíblica de lamentación es “quebrantar
la dureza de nuestro corazón”. Un corazón duro hace
imposible el arrepentimiento porque impide que la obra del Espíritu
Santo penetre y nos haga ver la ofensa a través de los ojos de
la otra persona.
3. Mansedumbre
La mansedumbre resulta de ceder nuestros derechos al Señor y
ponernos bajo su control. Al pedirle a alguno su perdón tenemos
que ceder al Señor cualquier derecho que nosotros creamos tener
en el asunto. Sólo entonces Dios tendrá libertad para
hacer su obra en el corazón del otro.
4. Hambre Espiritual
Tener hambre y sed de justicia es anhelar aquello que agrada a Dios
y alimenta nuestra propia alma. El hambre y la sed no disminuyen con
el tiempo, más bien se vuelven más intensos.
5. Misericordia
La definición de misericordia es “no recibir el castigo
que meremos”. Limpiar nuestra conciencia implica pedir misericordia.
Sin embargo, generalmente es cierto que aquellos a quienes hemos ofendido
también nos han ofendido, de modo que hemos de mostrarles misericordia.
De no hacerlo, Dios no nos perdonará a nosotros.
6. Pacificador
Un pacificador es el que consigue la reconciliación. La eficacia
del pacificador se determina por los preparativos previos que haya hecho
sobre qué decir, y cómo decirlo. Desear la paz y tener
una declaración preparada son cosas indispensables para alcanzar
una buena conciencia.
7. Pureza de corazón
Pureza de corazón tiene que ver con nuestra motivación
al limpiar nuestra conciencia. Si la motivación es sólo
eliminar la presión de nuestra culpabilidad, el que ha sido ofendido
por nosotros probablemente reaccionará contra nosotros. Nuestra
motivación más bien debe ser tratar con el problema de
raíz, y restaurar completamente a la persona ofendida.
8. Disposición para sufrir
La restitución es parte de limpiar nuestra conciencia, y puede
ser muy dolorosa y costosa. Puede requerir tiempo, esfuerzo y dinero.
Nos pueden mal entender aquellos a quienes hemos ofendido, u otros que
han asumido la ofensa; no obstante, mediante este proceso de humillación
Dios nos dará más de su gracia.
D. Pasos para alcanzar una buena conciencia
La introspección no es la manera de alcanzar
una buena conciencia. Mediante la introspección nos medimos a
nosotros mismos por lo que creemos es bueno o malo. Este tipo de evaluación
se condena en la Escritura (2 Coríntios 10:12)
Conforme vas leyendo la Escritura y viviendo la vida
cristiana, el Espíritu Santo traerá a tu mente ofensas
que deben aclararse. Cuando éstas vienen a tu memoria, debes
entonces dar los pasos para restaurar una buena conciencia.
“Y por esto procuro tener siempre una conciencia
sin
ofensa ante Dios y ante los hombres” (Hechos 24:16)
1. Enumera las ofensas de ellos contra ti.
Hay al menos dos razones para iniciar con una lista de las ofensas de
otros contra nosotros, antes de tratar con nuestra propia culpa. Primero,
tendemos a compensar nuestra culpa con la culpa de otros, y nunca tratamos
eficazmente ni con una ni con otra.
En segundo lugar, habitualmente nos concentramos más en culpar
a otros que en nuestra propia culpa. Al apuntar los motivos que tenemos
para culparles a ellos, eliminamos una distracción importante
para poder enfrentar nuestras propias ofensas.
2. Enumera tus ofensas
Es fácil minimizar nuestras ofensas, y al mismo tiempo culpar
a otros, o justificar lo que hicimos. Por tanto, sería muy prudente
iniciar este próximo paso pidiendo a Dios que despierte nuestra
memoria.
“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
pruébame y conoce mis
pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad,
y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23-24)
Medita por un instante: Si to preguntaras a los que
están ofendidos contigo, qué hiciste contra ellos, ¿qué
dirián?
3. Decide pedir perdón
Empieza por aquellos a quienes has ofendido mas
Dios es al que más hemos ofendido. Si no entendemos este hecho
y actuamos conforme a él, careceremos de la bendición
de Dios en nuestra vida cuando vayamos a pedir perdón a otros.
Pedir perdón a Dios requiere que identifiquemos los mandamientos
de Dios que nuestras ofensas han violado.
- Si has robado, has violado este mandamiento: “No hurtarás”
(Exodo 20:15)
- Si has mentido, has violado el mandamiento: “No hablarás
contra tu prójimo falso testimonio” (Exodo 20:16)
- Si has ocasionado tropiezo a un hermano débil has violado
el mandamiento: “....decidid no poner tropiezo u ocasión
de caer al hermano” (Romanos 14:13)
Nuestra transgresión de los mandamientos de Dios confirma el
hecho de que no le amamos a El. “El que tiene mis mandamientos
y los guarda, ése es el que me ama....” Juan
12:21
Por no amar al Señor, quebrantamos el más grande de todos
los mandamientos
”...Amarás al Señor tu Dios
con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
Este es el primero y grande mandamiento” (Mateo 22:37-38)
Cuando ofendemos a otros cristiano también ofendemos
a Cristo. “...En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos
más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo
25:40)
“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece
a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien
ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?”
(1 Juan 4:20)
Detente para orar:
“Señor, he pecado contra ti por mi falta
de amor por ti, evidenciado por mi ofensa contra __________________________.Ahora
te confieso este pecado contra ti, y te agradezco tu fidelidad y justicia
para perdonar este pecado y limpiarme de toda maldad mediante la sangre
de tu Hijo, el Señor Jesucristo, Amén”
e. ¿De qué manera el hijo pródigo
revela especial
entendimiento acerca de tener una limpia conciencia?
El padre del hijo pródigo le perdonó,
pero el hijo enfrentó el “aula” contínua de
limitaciones y disciplinas.
La parábola de Cristo acerca del hijo pródigo contiene
muchas ricas lecciones acerca de la esencia real del arrepentimiento.
Aquí están unas pocas:
- El arrepentimiento empieza con “volver en sí”
“Y volviendo en sí dijo: ¡Cuántos
jornaleros en casa de mi padre
tienen abundancia de pan y yo aquí perezco de hambre! (Lucas
15:17)
El hijo pródigo había insistido en su
propio camino y había vivido en los excesos del placer sensual.
Sólo fue cuando todos sus recursos se habían agotado que
estuvo listo para considerar la necesidad de una buena conciencia.
- Arrepentimiento es reconocer que “he pecado”
“Me levantaré e iré a mi padre,
y le diré: Padre, he pecado
contra el cielo y contra ti” (Lucas 15:18)
Quienes fracasan generalmente culpan de sus males a
otros o a las circunstancias. El verdadero arrepentimiento consiste
en decir con pleno entendimiento “he pecado”.
- El arrepentimiento reconoce falta de mérito personal
“Ya no soy digno de ser llamado tu hijo....”
(Lucas 15:19)
Cuando el hijo pródigo reconoció su indignidad
ante Dios y su familia, estaba listo para recibir el poder capacitante
que Dios da para vencer una vida pecaminosa. El también preparó
la redacción de su confesión con anticipación.
- El arrepentimiento acepta nuevas limitaciones
“...Hazme como a uno de tus jornaleros”
(Lucas 15:19)
El hijo pródigo reconoció que al arrepentirse
de su pecado y regresar a su padre no recuperaría automáticamente
todo lo que había perdido. El ahora estaba preparado para aceptar
las limitaciones de la disciplina que había desechado cuando
se salió de bajo la sombrilla de protección de su padre.
El sencillamente deseaba la posición de siervo.
- El arrepentimiento no se resiste cuando se le pone a prueba
“ Y su hijo mayor estaba en el campo... entonces
se enojó, y no quería entrar.
Salió por tanto su padre y le rogaba que entrase”
“Mas él, respondiendo, dijo al padre:
He aquí, tanto años te sirvo, no habiéndote desobedecido
jamás, y nunca me has dado ni un cabrito...pero cuando vino este
tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para
él el becerro gordo” (Lucas 15:25, 28-30)
El hijo pródigo no sólo pecó contra
Dios y contra su padre – su pecado afectó a todos los demás
miembros de su familia. Una confesión ante su hermano mayor pudiera
haber menguado o eliminado la ira del hermano mayor.
- El arrepentimiento convencerá a los escépticos
“El entonces le dijo: Hijo, tú siempre
estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario
hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha
revivido; se había perdido y es hallado” (Lucas
15:31-32)
El padre restauró al hijo a plena comunión;
pero no le devolvió su herencia. Con la pérdida de ello,
el hijo pródigo un día estaría bajo la dirección
de su hermano mayor, y le tendría que rendir cuentas.
Podemos tener la certeza de que sería tratado
con escepticismo mientas no demostrara ser auténtico.
|